
Ese olivo, centenario
de tronco, retorcido y por el fuego devorado,
al llegar la nueva primavera, nuevas ramas verdes
le han brotado.
Ese olivo, a esa tierra anclado
cuantas veces a tu copa, me he subido
y he buscado entre el follaje
de tus ramas, algun nido,
entre ellas escondido.
Cuanta gente, ante ti se ha inclinado
para cojer, el fruto desprendido
y otros, al cobijo de tus ramas
con un beso de amor,se han despedido.
Cuantos años de sequia has pasado
cuantos hielos y calores soportado
y hay sigues, impasible bajo el cielo
con firmeza a tu tierra sujetado.
Cuanta gente a tu sombra se ha dormido,
huyendo, de la flama del verano
y tus ramas, frondosas y agradables
con amor sus cuerpos han tapado.
Cuantas aves, anidaron, en tus ramas
que amorosas, tus ramas ocultaron
solo yo, conocía tu secreto
y algun que otro nido, te he robado.
Y en tu tronco, poderoso y retorcido
los conejos, medrosos. Se escondian
huyendo del galgo corredor
que su vida terminar querian.
A ti centenario olivo
que altivo, permaneces en la loma
con tu tronco, poderoso y retorcido
donde anidan, gavilanes y palomas,
Y ahora que mi tiempo, se termina
quisiera, descansar bajo tus ramas
que tus raíces, comieran de mi cuerpo
y contigo, mi alma se quedara.
Esta poesía, salida del corazón de un jabalquinteño, me recuerda, a mí también, una infancia, relativamente lejana, pero recordada a diario por vivir permanentemente entre los árboles que, hoy como ayer, mantienen vivas las ilusiones de un pueblo que se resiste a morir como tantos otros. Enhorabuena.
ResponderEliminar